LA LIBERTAD DE SER COMO SOMOS

Vidas en Tecnicolor

Los productos culturales como las series, películas y la música representan historias de individuos dentro de una sociedad. Buscan plasmar lo cotidiano y disfrazar la fantasía de realidades que hacen una historia creíble. Estos retratos que consumimos nos dictan, hasta cierto punto, cómo se ve o se debería de ver el mundo alrededor de nosotros. De ellos obtenemos muchas de nuestras ideas, creencias y conceptos; nos enseñan cómo se ve una familia convencional, una escuela, incluso una ciudad. Esta cultura que consumimos se encuentra en una retroalimentación constante entre nuestra realidad tangible y lo que vemos en pantalla, donde ambos se van reflejando e influyendo mutuamente. De esta forma, los productos culturales ayudan a solidificar las convenciones sociales de diferentes conceptos que van construyendo nuestro imaginario colectivo.

Es así como las representaciones en medios de entretenimiento se convierten en nociones concretas y en lo que definimos colectivamente como “normal”. El problema de esto es que, al no tener representaciones más diversas de conceptos o personas, o al excluir nuevas narrativas y puntos de vista, caemos en el peligro de invisibilizar a grupos sociales que no encajan dentro del concepto de “normalidad” y “convención”, y subconscientemente se transmite un mensaje de alienación para dichos grupos. Como consecuencia, cuando creces siendo una persona disidente de la hegemonía y el statu quo, en pocas ocasiones encontrarás narrativas y personajes con los cuales te identifiques; ello tiene fuertes implicaciones para la construcción de la identidad social y del sentido de pertenencia. 

Los medios a los que nos exponemos tradicionalmente en Guatemala son parte de una estrategia implícita de imperialismo cultural estadounidense, donde el estándar de representación es el del hombre blanco, heterosexual y cisgénero, quien protagoniza la mayoría de historias que contamos y quien está en control de esta narrativa. Basta con observar cuáles son las series de televisión más populares, o qué películas se presentan en salas de cine nacionales, para comprobar que tanto las personas que no entran bajo esa categoría, como sus historias de vida, no están visibilizadas. 

En las pocas ocasiones donde está representada esta diversidad, suele ser bajo caricaturizaciones y exageraciones de los estereotipos asignados a las personas que difieren de la hegemonía del hombre cis-hetero blanco. Si bien cada minoría estereotipada en medios es encuadrada problemáticamente de varias formas, desde este blog de Visibles me centraré en discutir la problematización de las representaciones que conciernen a la diversidad sexual. 

La diversidad sexual en televisión y cine es poco visible o incluso está completamente ausente. Las historias sobre personajes queer suelen centrarse en su orientación sexual (Love, Simon, Boy Erased), limitando la exploración de un personaje completo y complejo a una historia sobre su sexualidad e ignorando que – a pesar de ser un factor importante en nuestras vidas – no describe la totalidad de quienes somos. La escasa representatividad de personas LGBTIQ suele ser de hombres gays blancos y cisgénero (Call Me By Your Name, Brokeback Mountain). Con mayor frecuencia, vemos el personaje del «mejor amigo gay», el cual se apoya en estereotipos y clichés, dejando a un lado la oportunidad de presentar a una persona completa y compleja que complemente la trama y desarrolle la historia, reduciéndose a objeto de comedia y un simple “accesorio” del personaje principal (Mean Girls, To All the Boys I’ve Loved Before). Por otro lado, las representaciones de mujeres queer suelen ser hipersexualizadas y objetivizadas (Blue is the Warmest Color, Ema), concebidas bajo la mirada lasciva masculina de una idea misógina y fetichista de las relaciones sexoafectivas entre mujeres. Adicionalmente, con frecuencia las narrativas de lesbianas o mujeres bisexuales termina de una forma trágica (Buffy the Vampire Slayer, Pretty Little Liars). A las personas trans rara vez se les muestra en pantalla y, en las pocas ocasiones donde se cuentan sus historias, los actores que toman estos papeles suelen ser cisgénero (The Danish Girl, Dallas Buyers Club, La Casa de las Flores). 

Las personas construimos nuestras perspectivas de la realidad con base en la información que captamos a nuestro alrededor. Lo que entendemos como la realidad son conceptos formados por experiencias propias y colectivas, que se configuran a raíz de lo que observamos en nuestros círculos sociales, en lo laboral y académico, en las redes sociales digitales, medios, arte, y que se internalizan como parte de nuestra cultura y cognición. Estos personajes y estas historias contribuyen a moldear los valores, creencias y supuestos que rigen nuestra forma de relacionarnos. Por lo tanto, a un nivel muy inconsciente y automático, gran parte de lo que observamos en televisión y cine tiene una carga simbólica gigantesca en lo que percibimos y consideramos como normal y aceptable. 

Para una persona de la diversidad sexual, crecer sin referencias mediáticas de personas que compartan sus vivencias, tiene muchas repercusiones en el entendimiento de su identidad y su pertenencia en la sociedad. En los medios populares, lo cisgénero y la heterosexualidad son el estándar, enviando el mensaje de que cualquier disidencia no existe o no debería existir. En su constante repetición, estas narrativas contribuyen a la construcción de la cisheteronorma, alimentando los sesgos que llevan a la discriminación, prejuicios y violencia en contra de la diversidad sexual. 

En definitiva, las representaciones de la diversidad son vitales para informar, educar, crear empatía, iniciar conversaciones, cambiar la hegemonía, abrir espacios de relacionabilidad y fomentar la afirmación positiva de la identidad. El cine y la televisión inclusiva contribuyen directamente a la creación de una cultura basada en el respeto y la tolerancia ante la diversidad, normalizando la existencia de las personas diversas. Las personas LGBTIQ+ merecemos tener narrativas que nos representen de forma justa, realista y digna, y que realcen la maravillosa complejidad de nuestras historias de vida.

Reconozco que esta conversación requiere un análisis bastante más profundo e interseccional, pues hay varios matices que subyacen en la problemática que he descrito brevemente. Es por esto que hemos creado Proyección Rosa, el Club de Cine de Visibles en donde haremos un recorrido por las diferentes representaciones que ha aportado el cine sobre las personas en la diversidad sexual, utilizando un ojo crítico y apreciativo sobre las mismas. Te invitamos a unirte para que en conjunto deconstruyamos nuestros conceptos de realidad cisheteronormada, con base en las miradas que nos proporciona el séptimo arte. 

¿Quieres conocer más sobre el tema de la representación LGBTIQ+ en medios? Te dejamos estos interesantes recursos:

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