Soy un hombre hetero y así aprendí a ser aliado de la comunidad LGBTIQ

En Guatemala, no es muy común ver que un hombre heterosexual llegue a ser abierto en su apoyo a las personas de la diversidad sexual y de género. Esta es mi experiencia personal sobre cómo llegue a ser aliado.

Por Rodrigo Barillas
Crecí en un ambiente bastante tradicional, siendo mi formación educativa bastante conservadora. Pero, tras un proceso de más de veinte años, he ido sintiéndome más cómodo con la etiqueta de “liberal”, y que defino como un compromiso con los derechos de todas las personas y especialmente los de los grupos más vulnerables y discriminados.
Nunca tuve un momento de eureka, pero lo cierto es que este proceso gradual de aprendizaje encuentra sus raíces en algunas de las enseñanzas fundamentales que recibí en mi familia, especialmente de mi abuela materna, quien me enseñó con su ejemplo y nobleza que la religión fundamental de todos los seres humanos es el amor. Y que el amor siempre debe orientar nuestras metas y nuestras acciones.
Tratando de seguir sus enseñanzas y apegándome a este precepto fundamental, fui entendiendo poco a poco que yo debía de tomar partido cuando encontrara ocasiones de injusticia y discriminación. Por esto, así como apoyo otras causas sociales, llevo ya varios años apoyando a las personas LGBTIQ en sus luchas.
Hace un año ese sentimiento y convicción tuvo un giro inesperado, pero bienvenido y hoy en día mi “lucha” por el respeto a los derechos de las personas LGBTIQ tiene un motivo personal. Entiendo, más que nunca, que la forma en que tomamos partido sobre algunas de estas causas tienen efectos en la vida de las personas.

Todos podemos aportar

Desde entonces, he sido más vocal en mi apoyo, y he empezado a poner en palabras las lecciones que durante mucho tiempo he logrado reunir. Estos son algunos de mis aportes clave:
En primer lugar, entendamos que la comunidad LGBTIQ no pide nada que los heterosexuales no tengan. No pide privilegios, sino que se les reconozca igualdad de derechos.
Piden, eso sí, que no se les reprima, que no se les culpe, que no se les discrimine, y que no se piense menos de ellos por tener una orientación sexual o una identidad de género distinta a las normas tradicionales de nuestra sociedad. Estos aspectos fundamentales de su personalidad los definen y no están bajo su control, por lo que es absurdo que, en nuestro mundo moderno, no se les reconozca como miembros valiosos de nuestra sociedad por el simple hecho de ser distintos.
Mi segunda recomendación es que para realmente entender la situación de las personas LGBTIQ, debemos estar abiertos a aprender y educarnos. Si alguna vez han conocido y realmente hablado con una persona de la comunidad, se darán cuenta que son personas con sentimientos, con deseos y sueños, con objetivos y que pueden aportar con una visión distinta de ver el mundo. Que el prejuicio no nos impida conocer y crecer junto a ellos.

Estemos ahí, seamos un aliado

Tomemos entonces el reto de comprender cada vez más que la demanda por la igualdad de las personas LGBTIQ es legítima, y que para apoyarles es necesario ir más allá de discutir temas puntuales, como el matrimonio igualitario. Estos son importantes, pero se trata de crear una sociedad segura que respeta y acepta a las personas LGBTIQ.
Y para eso, tenemos que recordar la enseñanza de mi abuelita: el amor no distingue entre tipos de personas. Más aún, que como en nuestro mundo persisten muchas formas de discriminación y prejuicio, es necesario que nuestro apoyo se escuche y se sienta. Y que tomemos parte en poner un alto a las formas de discriminación que encontremos. Hoy tengo claro que mis palabras, acciones y opiniones sirven, no sólo para declarar una postura personal, sino que pueden servir como motivación y ejemplo para otras personas.
Elie Wiesel decía, con razón, que “la neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al atormentado”. Hagamos, entonces, que nuestro apoyo se exprese abiertamente, con la claridad de que sólo el amor puede llevarnos a una sociedad más justa y equitativa.
Publicado en Nómada el 10 de agosto 2018.