LA LIBERTAD DE SER COMO SOMOS

Orgullo LGBTIQ 2019: Tiempo de existir, resistir y celebrar

El orgullo LGBTIQ es atestiguar la historia que nos antecede y asumir las luchas por transformar el mundo hacia uno más amoroso. También es trascender la precariedad que causa el silencio, la vergüenza y la culpa.

Por Luis Barrueto y Tristán López

El primer acto de rebeldía es existir. Para muchas personas, en plena actualidad, sigue siendo un acto de reivindicación asumir una orientación sexual o identidad de género que la sociedad se resiste a aceptar como válida.  –Existir– en un sistema que se niega a reconocer en nosotros seres humanos. Existir es no aceptar menos que eso.

Esta rebeldía trasciende la proverbial necesidad de afirmarse en un primer momento –salir del clóset– como gay, como lesbiana, como bisexual, como trans, como persona queer o no binaria. 

Se traduce a cada uno de los pequeños momentos en que quienes somos, tiene un impacto en la forma en la que nos relacionamos. Es subir al transporte público tomando aire porque no sabemos si las personas alrededor nuestro van a reconocernos como pareja del mismo género. Es tratar de aguantar un poco más las ganas de ir al sanitario porque como persona trans es muy probable que encontremos una situación incómoda. Es afirmar una identidad propia que muchos todavía insisten que no existe, que no es natural, que es una moda, que es una opción o preferencia y que, insisten, podría cambiar. 

El segundo acto de rebeldía es la resistencia. Cada uno de esos actos privados e individuales, que han existido a lo largo de la historia de la humanidad, han ido cobrando sentido como parte de un movimiento que, antes de proponer demandas específicas, tuvo por propósito romper la clandestinidad y la vergüenza. Hoy hace cincuenta años, un grupo de maricas, drags, gays afeminados, personas de color y otras personas marginadas por la sociedad, enfrentaron la enésima redada de la policía en el Stonewall Inn. El 28 de junio de 1969 las personas de este bar se opusieron a otra redada injusta lanzando ladrillos contra la policía, y empezaron a constituir un movimiento que reivindicaba sus identidades, sus vidas, y su oportunidad de vivir en libertad. 

«Hagamos una marcha en plena luz del día» proponía la activista lesbiana Martha Shelley durante las jornadas de Stonewall, oponiéndose a continuar el ocultamiento impuesto, la necesidad de esconderse, transformar la vergüenza en orgullo. Y así empezaron las bases del que llegaría a ser un movimiento global que hoy propone un amplio abanico de demandas. 

La historia de Guatemala: transformar el dolor en orgullo

En Guatemala, sabemos que la historia tiene algunas tonalidades distintas. Investigaciones recientes han demostrado que durante el conflicto armado, la policía nacional también criminalizaba a hombres gay y mujeres trans, a quienes imputaba delitos de orden público porque la orientación sexual e identidad de género no eran delito en Guatemala. La historia de las personas LGBTIQ está marcada por la exclusión, por la desigualdad entre campo-ciudad, por la violencia y el abandono del Estado. Y aún queda mucha historia por recorrer. 

La existencia del movimiento también estuvo por mucho tiempo en los márgenes. Las personas que integraban la comunidad, cuenta el activista César Galindo, aceptaban cosas como que te sacaran de un bar, que te cayera la policía, porque ellas mismas habían creído que quienes estaban mal; «éramos nosotros». La primera marcha por la diversidad, como la bautizó un medio de comunicación en octubre de 1997, en realidad fue una caminata desde la misa fúnebre de una compañera travesti, trabajadora sexual, hasta el lugar en que fue asesinada trabajando en la quinta avenida de la zona 1. La primera marcha fue el funeral de María Conchita. 

Compartimos con el movimiento global haber trascendido el ocultamiento, la vergüenza y haber transformado el dolor en orgullo y en un movimiento que demanda equidad a la vez que reivindica el derecho a ser diferentes. 

Sanar para cambiar el mundo

Claudia Acevedo, una de las fundadoras del movimiento de mujeres lesbianas en Guatemala, habla de la importancia de transformar nuestro dolor, de sanar, y de convertirlo en una fuerza para cambiar el sistema. Y es por eso que se reivindica el orgullo, para evitar que las personas LGBTIQ de las nuevas generaciones puedan dejar de sentirse solas y vulnerables.

Es por eso que hace poco, desde Visibles, emprendimos la tarea de ir profundizando en las raíces del movimiento de la diversidad sexual y de género en Guatemala. Si bien no aparecemos en los libros de historia, como no lo hacen otros grupos invisibilizados, constituímos parte esencial de la vida del país. Y contar ese relato dará fuerza a lo que hoy todavía parece un esfuerzo desarticulado y que no logra conectarse con los procesos y transformaciones que dan forma a nuestra realidad.

«Las personas LGBTIQ crecemos creyendo que estamos labrando nuestro camino en absoluta soledad, cuando en realidad caminamos por el mundo sobre los hombros de gigantes que con su lucha y su sacrificio han allanado el terreno para nosotros», explica nuestro compañero Andy Gabriel. 

De ese conocimiento puede surgir una fuerza mayor para resistir los intentos, hoy cada vez más fuertes y organizados, por limitar nuestros derechos. Y el aumento de una violencia por prejuicio que para nosotros es un síntoma de un mundo que está cambiando y que está lidiando con sus ansiedades y temores al respecto de la peor manera posible. 

«Nuestra utopía es para las generaciones futuras», como escribió hace algunas décadas el escritor chileno Pedro Lemebel. 

«Hay tantos niños que van a nacer
Con una alita rota
Y yo quiero que vuelen compañero»

El tercer acto de rebeldía es celebrarnos. El orgullo, como debería haber quedado claro hasta ahora, es una realidad que sólo un sector de la población LGBTIQ ha tenido el privilegio de vivir. No es la realidad de muchos que, por no romper con sus familias o comunidades, o porque no pueden permitirse el lujo -por razones económicas- de asumirse en público continúan viviendo en la clandestinidad y la vergüenza. 

El orgullo LGBTIQ es atestiguar la historia que nos antecede y asumir las luchas por transformar el mundo hacia uno más amoroso. También es trascender la precariedad que causa el silencio, la vergüenza y la culpa. El orgullo, para los movimientos que abanderamos la lucha, es una sonda que nos proyecta al futuro y podría darle a esos niños y niñas un cielo en el que puedan volar. 

Este año el desfile del orgullo se celebrará el 20 de julio de 2019, partiendo de Plaza de la República en zona 4 a las 2 PM. ¡Únetenos!

Publicado originalmente en Nómada.

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