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El rechazo contra las personas LGBT, ¿Es fobia o prejuicio?

Por Patricia Vargas
El Día Internacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia se celebra año con año para recordar que las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans son víctimas recurrentes de discriminación y violencia. En efecto, muchas personas LGBT continúan siendo víctimas de rechazo en sus círculos sociales y reciben un trato diferenciado por las instituciones del Estado, por lo que es importante concientizar y recordar la importancia de tratar a todos por igual. Sin embargo, la propia idea de que el prejuicio contra personas de la diversidad es una fobia – un temor irracional – merece una examinación más cercana.
Una fobia es un temor fuerte hacia algo que no presenta ningún peligro real. Las fobias son desórdenes que exageran el riesgo de estar, por ejemplo, ante una serpiente o una araña, y a menudo se producen de forma irracional. Pero referirse al rechazo que manifiestan muchas personas contra personas y grupos que consideran distintos es un error. El rechazo se aprende y se mantiene a través de procesos de racionalización, a través del cual las personas intercambian razones y justificaciones sobre su comportamiento hacia algo o alguien distinto. En este caso, que existen personas que no son heterosexuales, o que no se identifican con el género que corresponde al sexo que les fue asignado al nacer. El psicólogo Gregory M. Herek ha descrito este fenómeno como un «prejuicio sexual», porque impone mecanismos que justifican la violencia, jerarquización y exclusión que sufren las personas de la diversidad sexual y de género.

Elegí el orgullo, no el prejuicio.
Elegí el orgullo, no el prejuicio.

Llamar a las cosas por su nombre es una parte fundamental de la lucha por la igualdad. Incluso tras 28 años de haberse eliminado la homosexualidad del listado de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, razón por la que el Día es conmemorado cada 17 de mayo, las personas LGBT siguen siendo patologizadas en muchas partes del mundo.
Cuando algunos jóvenes expresan abiertamente ser lesbianas, gays, bisexuales o trans, muchas familias y comunidades siguen sometiéndolos a procedimientos psiquiátricos, estigmatizándolos con base a un prejuicio sexual. Algunos más son expulsados de sus hogares, escuelas o lugares de trabajo. Y en general enfrentan el rechazo de sus pares e incluso de las autoridades del estado.
El prejuicio por orientación sexual e identidad de género se debe entender como una falsa generalización de ciertas características en los individuos que se consideran estáticas e inamovibles. Del prejuicio surgen los estereotipos, que juegan el papel de racionalizar o justificar una percepción generalmente negativa hacia aquellas personas o situaciones que resultan ajenas o diferentes a las propias.
Estos prejuicios, que se convierten en estereotipos y a su vez se configuran en violencia,  dan vida a un sin número de formas de violencia y de mecanismos socioculturales que dañan la salud mental de las personas LGBT. Obligan a muchas a vivir matrimonios forzados, ser víctimas de violación, entre muchas otras formas de violencia física, verbal, psicológica, simbólica y patrimonial que muy frecuentemente no son investigados, procesados y juzgados.
Decir que el desprecio, violencia y exclusión hacia las personas LGBT es una fobia ayuda naturalizar la violencia contra ellas. Puede justificar abusos porque se aduce que quien los comete actúa desde un miedo irracional.
De esta cuenta, el problema no es el uso de la palabra fobia. El inconveniente son las repercusiones sociales, culturales y jurídicas que enmarca ser complacientes con quienes vulneran a quienes consideran diferentes. Y para todos los defensores de derechos, es importante desmontar prejuicios y someter a la crítica a los procesos individuales y psicológicos, pero también sociales, que los produce y alimenta. Como señala la politóloga Maria Mercedes Gomez,«No hay prejuicio en solitario, no hay prejuicio sin un contexto que lo apoye, no hay prejuicio individual sin complicidad social».

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