LA LIBERTAD DE SER COMO SOMOS

Los demisexuales somos más que una nueva etiqueta

El término se refiere a aquellas personas que sólo sienten una atracción sexual hacia personas con quienes han desarrollado una conexión emocional fuerte y estable. La atracción física es inexistente.

Por Andrés Gabriel
La apertura de la cultura popular occidental a las narrativas LGBT ha permitido que las personas se familiaricen con los rostros más usuales de la comunidad de la disidencia sexual. No obstante, los demisexuales –como muchas otras identidades– continúamos lejos del entendimiento público.
En su época dorada, Shakira escribió uno de los himnos de despecho más efectivos de los años noventa. Si te vas es más que un reclamo a los hombres infieles, es una canción que refleja la supremacía del cuerpo dentro de las relaciones sentimentales. «Cuéntame, ¿qué harás después que estrenes su cuerpo? ¿Cuando muera tu traviesa curiosidad?» La artista deja claro desde el principio el motivo por el cual la están cambiando «por esa bruja, pedazo de cuero»: su cuerpo es un nuevo continente, lleno de recovecos sin memorizar. Hasta cierto punto, Si te vas denuncia lo rápidos que somos para cambiar a una persona «cuando las arrugas le corten la piel y la celulitis invada sus piernas».
Si bien Shakira no pensaba en esto mientras escribía la letra de dicha canción, la parte de mi cerebro que ama sobre-analizar las cosas no deja de preguntarse qué pasa luego de que alguien se aburre de un cuerpo. ¿Qué obliga a una persona a quedarse en una relación una vez ha perdido el interés físico? La nostalgia del pasado diría que la probidad, el amor y la familiaridad deberían sostener una relación luego de que el interés sexual se va, pero la realidad actual ya no trabaja bajo esas reglas.
El sexo es uno de los motores más efectivos que existen, al lado del anhelo por el poder, la fama o el éxito. Está codificado en nuestra biología y es una de las pulsiones más básicas del ser humano. Si Selena siguiera viva, me gustaría pensar que cambiaría el título de una de una sus canciones icónicas a El chico del apartamento 512 sólo quiere sexo express. Y no lo digo solo porque me da risa, sino porque se ha comprobado que la persona promedio piensa varias veces al día en sexo (aunque la cifra varía según el estudio al cual se hace referencia). Sin embargo, existen otras personas que piensan pocas veces en el tema, acercándose o llegando a cero. Estas personas son denominadas asexuales o demisexuales, dependiendo del caso.
A diferencia de una persona asexual –aquella que no siente atracción sexual alguna– una persona demisexual requiere de una fuerte conexión emocional para sentirse sexualmente atraída por alguien más. Es una identidad que acompaña a cualquier otra orientación, independientemente de si somos hetero, homo, bi o pansexuales. Yo, por ejemplo, soy un hombre gay demisexual.
Sé que algunos tomarán esto como obvio, el hecho que una persona quiera desarrollar una conexión emocional antes de tener una relación sexual, y se preguntarán por qué necesitamos de una “etiqueta nueva” para identificarnos como comunidad.
Aunque el ideal romántico tradicional receta cierto número de citas para que dos personas puedan tener sexo– con frecuencia el número ideal sucede después del matrimonio – la práctica ha demostrado que esto no ocurre así. Cada vez es más común escuchar a las personas ser francas sobre sus rollos de una sola noche, sus amigos con derecho o sus relaciones abiertas.
Es fantástico que quienes quieren tener sexo lo hagan y exploren sus cuerpos y los de sus parejas de forma responsable. El asunto es que, si vamos realmente a valorar la forma en la que cada uno explora sus deseos para permitir una libertad sexual exenta de juicios, tenemos que hacerlo sin excepción alguna.
Frecuentemente me he topado con personas, en especial personas de la comunidad queer, que cuestionan esta parte de mi identidad sexual y la consideran una expresión de homofobia internalizada. A este punto, he aceptado que mi cerebro jamás va a descargar la actualización que me permita disfrutar del sexo en la misma medida que lo hacen los demás, y estoy en paz con ese hecho.
Mi intención principal con este artículo es aseverarle a otrxs demisexuales que adoptar “nuevas etiquetas” es una forma de supervivencia. En la era del positivismo sexual, es imprescindible que aquellxs que nadamos contra la corriente encontremos una forma de tallar nuestro propio espacio dentro de la comunidad queer. Eso, y recordarle a los disconformes lo otro que dijo Shakira «el mundo ya me da igual».
Foto de portada: UpSocl

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